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Detalle de yoguis de los murales en el Templo de Lukhang en Lhasa, Tíbet. Fueron pintados en 1700 para el quinto Dalai Lama. Todas las imágenes cortesía de Thomas Laird.

 

LIBRO RECOMENDADO – THE SECRET TEMPLE OF THE DALAI LAMA’S

En una isla cubierta de sauces en un estanque sagrado detrás del Palacio del Potala de Tíbet, hay un templo de estilo pagoda que fue construido en el siglo XVIII. Artistas desconocidos crearon una serie de pinturas misteriosas en las paredes de la capilla privada del templo, y estas obras maestras del arte Tibetano se reproducen en esta publicación extraordinaria.

 

La capilla fue reservada exclusivamente para los Dalai Lamas como un lugar de meditación y retiro espiritual, y durante siglos los murales los guiaron en la contemplación mística.

 

En el corazón del libro hay 150 fotografías a color de los murales y su templo de Thomas Laird. El texto de Ian Baker sitúa estas notables obras dentro de su perspectiva histórica y cultural y se complementa con relatos de otras fuentes tibetanas. El Libro se abre con una introducción y citas de Tenzin Gyatso, el Decimocuarto Dalai Lama. Este libro todavía no se encuentra traducido al castellano.

 

En la primavera de 1986, Thomas Laird se paró frente a las pinturas tántricas secretas en el templo de Luchan de Lhasa, Tíbet. El fotógrafo estadounidense fue uno de los primeros occidentales en entrar y el primero en disparar una cámara dentro de este espacio secreto creado por el quinto Dalai Lama en el siglo XVII y reservado para la meditación privada de sus sucesores.

“Me sorprendieron los colores: rosa y dorado y blanco y lapislázuli”, dice de los murales que cubren sus paredes. Había yoguis que mostraban poses, 84 maestros tántricos, budas, cascadas, bosques, animales y un gran número de símbolos que no podía entender. Estaba deslumbrado: “Aquella tarde tuvo un enorme impacto en mí.”

 

temple lukhang

Templo de Lukhang, Lhasa, 1936

 

Esta es la Capilla Sixtina Tibetana, explica Laird: “La Capilla Sixtina fue pintada por un gran artista, comisionado por un Papa y nos dice todo, desde Dios creando al hombre hasta la resurrección. El mundo entero, como los cristianos lo vieron, están allí en imágenes – y eso es lo que sucede en el Lukhang.

 

detall murals

Un detalle de los murales del templo Lukhang que muestran a Guru Rinpoche – o Padmasambhava – aceptando la obediencia del rey naga.

 

Las imágenes muestran algunas de las prácticas más secretas del budismo tántrico: en una imagen, un yogui que ha muerto transfiere su espíritu a una pareja desnuda que está teniendo relaciones sexuales; Escondido en otra esquina, un pequeño cristal rodeado por un arco iris representa la iluminación. “Es como un mapa del universo”, dice Laird.

-Vas a través de una especie de trampilla hasta al tercer piso -dice Laird- y entras en esta habitación con murales que cubren tres de las paredes. Fui a última hora de la tarde y la luz se reflejaba en el estanque y atravesaba las pequeñas ventanas como pequeños árboles resplandecientes.

 

 

 

  

 

 

En 2001, inspirado en el trabajo a gran escala y de múltiples imágenes de Jeff Wall y Andreas Gursky, Laird regresó a los Estados Unidos para aprender cómo la tecnología le permitiría hacer grandes recreaciones en alta resolución de los murales. Para crearlos, tuvo que juntar cientos de fotogramas de diferentes exposiciones, luego imprimirlos en transparencias.

Los murales desafían las preconcepciones occidentales sobre el budismo. “Llegas pensando que es bastante sereno, tranquilo: respiración profunda y ese tipo de cosas”, dice. “Pero el budismo tántrico es muy diferente: las técnicas de yoga más radicales y avanzadas son bastante peligrosas”. Señala cráneos, cuchillos desolladores y partes de cuerpos incorpóreos. Y una parte de la iconografía es aterradora, casi grotesca.

 

ioguis 23 postures

Yoguis en 23 posturas de yoga, de los murales del templo de Lukhang.

 

Cuando se reunieron, el Dalai Lama recordó a Laird que estos murales no eran sólo arte – eran herramientas de motivación. “Una de las conversaciones que siempre he tenido con él sobre el arte es que a él no le interesa la estética”, dice Laird. “Para él, el propósito del arte es inspirarte para alcanzar la iluminación. Si una obra de arte le da la motivación para hacer su práctica – superar la codicia, la ira, la ignorancia, la lujuria y el orgullo – entonces es un gran éxito”.

El Dalai Lama también admitió que había muchos aspectos de los murales que Laird no conocía, y le señaló en dirección al gran maestro Dzogchen Namkhai Norbu. “Así que enrollé mi lienzo y volé a Venezuela y donde Namkhai Norbu estaba con 100 de sus estudiantes. Fue él quien me enseño la “vagina cósmica”, se ríe Laird. Es algo que los que vean el libro deberían buscar, dice: un detalle minúsculo que representa el principio del universo.

Fuente: The Guardian – Londres

 

 

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