¡El gusto por la vida!

13 May 2020

 

El sentido del gusto es el segundo sentido que el bebé desarrolla
momentos después de nacer.

Cuando el bebé nace el olfato le guía hacia la madre y cuando empieza a mamar se le despiertan todas las papilas gustativas del interior de la boca y de la lengua, comienza entonces la «fase oral«.

La fase oral dura aproximadamente hasta los dos años y medio y es la primera etapa en la psicología evolutiva del bebé. A lo largo de estos dos años la criatura siente la necesidad instintiva de explorar y lo hace a través del gusto; todo lo que encuentra lo mete en la boca. Lo primero que encuentra, obviamente, es su cuerpo; todos sus deditos de manos y pies van directos a su boquita. De esta exploración, tan interesante para él, nace la primera concepción que el bebé se hace de su cuerpo, aunque aún no sabe que es su cuerpo porque dentro de su psique tan temprana él y su madre todavía son un solo ser. Es a partir del año cuando comienza a diferenciar y darse cuenta de que en realidad son dos seres, madre e hijo.

Primero, pues, explora su cuerpo y el de su madre, luego seguirá con todos los objetos que encuentre en la cuna, y aprenderá todas las diferentes texturas: madera, goma, plástico, sábanas, mantitas…

Cuando comienza a desplazarse por la casa (gateo y primeros pasos) su instinto explorador le hará coger todo lo que encuentra y metérselo dentro de la boquita; en este momento el sentido del gusto ya inicia dos caminos.

Primero camino: cuando el objeto que explora es «inofensivo» (un objeto que no corte, no tóxico, que no se pueda atragantarse, etc.), podrá disfrutar del sentido del gusto en estado puro y estar allí tanto tiempo como necesite. En cambio cuando el objeto que coge es «peligroso» justo en el momento que lo toca oirá un grito (del adulto que está con él) que le alertará de tal manera que el acto explorativo quedará truncado y el sentido del gusto quedará asociado a alerta: este es el segundo camino.

Si el niño ha recibido muchos sustos de alerta en su fase oral, el sentido del gusto le quedará eclipsado por el miedo, entonces el gusto difícilmente le quedará asociado al placer, aquí se desarrollará un carácter con menos capacidad de poder conectar la comida con el disfrutar. Es el carácter oral que explicaré más adelante.

Si seguimos el mismo camino que en el sentido del olfato, para poder enlazar gusto e instinto, hay que deshacer asociaciones arraigadas desde hace muchos años. Es un trabajo de constancia y amor que vale la pena.

Potenciando el primer camino:
unir instinto y gusto.

  1. Crea un espacio cómodo (mejor si es en el suelo) y rodéate de unos cuantos cuencos llenos de diferentes comidas – una comida en cada bol. Pon comidas familiares para ti y sabores nuevos.
  2. Haz unas cuantas respiraciones profundas con las manos en el vientre.
  3. Cierra los ojos y con las respiraciones intenta calmar los pensamientos.
  4. Para ayudarte a fortalecer el instinto puedes poner música étnica de tambores.
  5. Con los ojos cerrados coge un poco de comida con los dedos y póntelo en la boca.
  6. Cuando tengas la comida en la boca no intentes averiguar qué es.
  7. Pon toda tu atención en notar el sabor, sin pensar si te gusta o no, sólo sentirlo.
  8. Pon tu atención también, en captar cómo se despiertan las papilas del gusto.
  9. Nota como a medida que la comida juega dentro de la boca, vas ensalivando.
  10. Engulle lentamente, nota qué músculos trabajan para poder tragar la comida.
  11. Repítelo aleatoriamente, probando las comidas de los cuencos al azar, así debilitamos el control.
  12. Es muy importante que puedas disfrutar todo el tiempo de la exploración como un juego.
  13. La actitud lúdica también nos ayuda a fortalecer el instinto.

Observemos cómo funciona el segundo camino: cuando el sentido del gusto está «desequilibrado».

Tal como he dicho antes, a lo largo de la fase oral el bebé explorará el mundo que le rodea a través del gusto, y este sentido quedará desconectado del instinto cada vez que se relacione con un objeto «peligroso» y su apasionante exploración quede truncada por el susto del adulto que acabará apartándolo de aquella fuente de conocimiento tan interesante.

Esta experiencia se irá repitiendo a lo largo del día y si se da con demasiada frecuencia, la criatura guardará en le su memoria muchas sensaciones de miedo o de alerta asociadas al gusto. Esto hará que este sentido quede desconectado del instinto y por lo tanto desequilibrado, por lo que de adulto tenderá al rechazo, al desinterés o el apego hacia el gusto.

Lo que llamamos «carácter oral» es aquel talante en el que la persona siente de manera inconsciente que le falta algo en el «gusto por la vida», que su relación con la comida está descabezada. De hecho la sensación es real, porque sin saberlo la persona capta la falta de placer instintivo propia del acto de comer. Esta carencia inconsciente pone en marcha un motor de atracción hacia los actos orales: comer, beber, fumar… pero sin embargo estos momentos orales una vez realizados no le proporcionan sensación de satisfacción porque el instinto del placer en el gusto no ha sido conectado y por tanto no ha sido satisfecho. Como la persona no se siente «llena» tenderá a repetir el encuentro oral (comer, beber, fumar …) sintiendo que su deseo no está satisfecho y pensando que si lo repite por fin sentirá que el vaso de la necesidad queda lleno, pero sin darse cuenta está confundiendo calidad con cantidad, y sin quererlo está fijando un bucle energético de atracción-rechazo hacia el objeto oral. Atracción porque siente que lo necesita, sensación errónea porque no necesita el objeto, sino la conexión entre el instinto y el gusto. Y rechazo porque su cuerpo recibe de una manera clara que el objeto oral no es una fuente de satisfacción instintiva, sino que es una fuente de satisfacción pasajera, efímera: cuando el objeto oral desaparece la sensación de satisfacción también desaparece. Entonces puede despertar la sensación de frustración.

¿Qué es la gula? La gula no es hambre. Por lo tanto, no es un instinto de satisfacer las necesidades básicas de alimentar nuestro cuerpo; tampoco es un instinto de satisfacer el placer de comer, más bien todo lo contrario. Hay una búsqueda del placer si, pero como la persona no está en contacto con su instinto sino en con el deseo, la sensación de satisfacción no llega ya que el deseo es un espejismo. Cuando sentimos deseo nuestra brújula interior enfoca el objeto oral, y cuanto más lo miramos más lo deseamos. Y en esta situación estamos más fuera que dentro, es decir cuando estamos más en contacto con el objeto que con el instinto, la sensación de plenitud no llega porque la plenitud es una experiencia interna, y para sentirla hace falta que nuestra brújula enfoque a nuestro interior. La gula es, pues, un bucle energético donde quedamos atrapados: cuanto más deseo, menos siento el instinto; con más deseo y menos instinto, aparece un miedo oculto que trabaja desde el inconsciente: «el miedo a la frustración». Entonces como desde el deseo y como no me llena como aún más y así se hace el bucle oral que nos sacia y llena el estómago, pero que no nos satisface instintivamente. El mismo bucle sucede con el acto de fumar y el de beber.

 

Como podemos volver a unir el sentido
del gusto con el instinto

  • Cocinar comidas sencillas para poder recuperar el sabor natural de los alimentos.
  • Si comemos tranquilamente el sabor de los alimentos toma protagonismo.
  • Si comes muy deprisa juega a comer con la mano no habitual, es la manera de hacerlo lento.
  • Algún día puedes jugar a comer con los ojos cerrados, sin la vista se activa mucho el gusto.
  • En familia podemos jugar a darnos la comida en la boca, así se despierta la memoria celular.
  • Con los niños podemos jugar a descubrir con el gusto los ingredientes de la comida que tomamos.
  • Podemos jugar a introducir alimentos y sabores nuevos.
  • Huele la comida justo antes de empezar a probarla (el gusto y el olfato se potencian juntos).
 
Recuperar el instinto para comer en el fondo es recuperar el gusto por la vida!
 

Mercè Cid
Membre de l’Equip de l’Escola de l’Ésser
merce.tam@gmail.com | 630 518 730
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