Instrumental

18 May 2020

Instrumental: Memorias de música, medicina y locura

(2015)
Rhodes, James
Barcelona: Blackie Books

En este relato el autor y el protagonista son la misma persona. En un acto de coraje y determinación, James Rhodes escribe en formato autobiográfico para hacer pública su historia de niño abusado.     Y lo hace con el propósito de ser útil a todo el mundo que haya pasado por experiencias similares; con la intención que todos los que han sufrido abusos se atrevan a hablar, denunciar, y hacer público, para dejar de sentirse culpables o de sentir que en su interior hay algo de sucio que deben ocultar para protegerse de ser juzgados y rechazados.     Descubrir la música clásica fue el pasaporte que lo conectó con la vida, el hilo conductor a través del cual pudo desarrollarse y sortear grandes handicaps en el ámbito psicológico y emocional, provocados por la vivencia de los abusos, y encontrar poco a poco una vía de salida del pozo del victimismo y la autodestrucción en el que estaba instalado.     Este es el relato descarnado de un niño, que gracias a vibrar con la música clásica, transita los abusos y viaja del odio a si mismo hasta entrever la luz del compromiso y el amor.

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Adentrarte en esta obra, es convertirte en testigo de la vida de un superviviente que  con  coraje reconoce sin tapujos lo que piensa, lo que siente y lo que hace. Es ser testimonio de una mente atormentada en busca de la paz:

“Se trata de una adicción que resulta más destructiva y peligrosa que cualquier droga, que casi nunca se reconoce, de la que se habla aún menos…Es la principal causa de esa actitud de creerse con derecho a todo, de la pereza y la depresión en la que estamos inmersos. Es todo un arte, una identidad, un estilo de vida que te brinda una infinita e inagotable capacidad de sufrimiento. Es el Victimismo”. (pág. 23)

“Hay una rabia que fluye por debajo de todo, que nutre mi vida y que alimenta el animal de mi interior. Una rabia que siempre, siempre, me impide, por mucho que me esfuerce, convertirme en una versión mejor de mi mismo”. (pág. 24)

“Esa rabia es la recompensa por ser una victima: todas las adicciones requieren un premio, y la rabia y la culpa son las recompensas que me sostienen y me dan fuerzas cada día” (pág. 26)

Estas observaciones las hace un adulto que a la edad de seis años fue abusado por su profesor de gimnasia:

“Abusos. Menuda palabra. Violación es mejor, Abusar es tratar mal a alguien. Que un hombre de cuarenta años le meta la polla por el culo y a la fuerza a un niño de seis años no se puede considerar abuso. Es muchísimo más que un abuso. Es una violación con ensañamiento, que provoca múltiples operaciones , cicatrices (internas y externas)….De un día para otro, literalmente, pasé de ser un niño lleno de vida que bailaba, que daba vueltas, que reía, que disfrutaba de la seguridad y las aventuras que le brindaban un colegio nuevo, a ser un autómata aislado, de pies de cemento, apagado. (pág. 26)

Uno de los mucho síntomas con los que debe convivir es el mecanismo de disociación:

“El más grave y duradero de todos los síntomas del abuso sexual. La verdad es que funciona superbién. Todo empezó en el gimnasio…Él está dentro de mí, y me duele. Eso supone una tremenda conmoción a todos los niveles. Y sé que no está bien. No puede estarlo. De modo que salgo de mi cuerpo…atravieso las puertas cerradas y llego a un lugar seguro….Y desde entonces, como un perro de Pávlov, en cuanto un sentimiento o una situación amenazan con abrumarme, dejo de estar. Existo físicamente y funciono con el piloto automático (supongo), pero de forma consciente no hay nadie en el interior de mi mente” (pág. 42)

Habla de cuatro momentos muy significantes a lo largo de su vida: la primera vez que lo violaron, la Chacona de Bach y Busoni, conocer a su mujer Hattie, y el nacimiento de su hijo.

Un día encontró una cinta de «cassette» donde había la grabación de un concierto en directo de La Chacona

Esta vez no subí volando al techo ni me alejé del dolor físico de lo que me estaba pasando, sino que llegué al interior de mi mismo…No supe qué coño estaba pasando, pero fui incapaz de moverme. Aquello fue como entrar en trance…La música logró tocar algo en mi interior…Yo tenía algo destrozado en mi, pero esto lo arregló. Sin esfuerzo y al instante. Y supe, del mismo modo que supe [muchos años después] en cuanto lo tuve en brazos que dejaría que me atropellara un autobús para salvar a mi hijo, que era aquello  en lo que iba a consistir mi vida. La mía iba a ser una existencia dedicada a la música y al piano. Lo supe sin cuestionármelo” (pág. 51)

Su historial reúne vivencias a través de los abusos, el sexo, las drogas, la universidad, un trabajo exitoso en la City de Londres, un matrimonio, un hijo, intentos de suicidio, psicólogos, y en el fondo de todo, la Música, que un tiempo después de dejarla, vuelve a ser el anclaje vital que le ayuda y le permite ir encajando las diferentes piezas de su vida material, emocional y espiritual.

“Perdí la infancia pero gané un niño. Perdí un matrimonio pero gané un alma gemela. Perdí el rumbo pero gané una carrera y una cuarta o quinta oportunidad de llevar una existencia que ahora es incomparable”. (pág. 258)

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